Mis desgracias en la okupa

En esta casa lo pasé mal, todas lo pasamos mal, muy mal.

Hace años era okupa, hace. Ya es casi una década. En esta época de mi vida viví y observé muchas cosas, algunas agradables, otras muchas todo lo contrario. Y algunas tan dañinas que casi me hunden.

Que llegue a ser okupa fue natural para mi. Vengo de lugares que siempre han mirado al movimiento okupa con respeto y romanticismo, tanto los ambientes de mi infancia como durante mis activismos juveniles y estudiantiles. Así que cuando empecé a vivir en Madrid fue lógico que me moviera por estos círculos, que iba a los csoas, sus colectivos, actos, fiestas, manifestaciones…

Pero en estos días ya había empezado a desencuadrar, ya había algo con lo que no me identificaba, ya había dejado de gritar en las manifestaciones, ya había dejado de creer. Pero cómo no tenía otro sitio al que llevar mi anhelo de otro mundo, pues, me quedé. Primero en los espacios de de ‘activismo’ y luego incluso viviendo.

Formé parte del proceso de creación y destrucción de una okupa. No era centro social, solamente vivienda, y por suerte con pisos. Lo mal que lo pasé en esta casa. Y no solo yo lo pasé mal, lo pasamos mal todas y todos. Lo que hizo la experiencia aguantable fue que una vez asentados podíamos cerrar la puerta de nuestras casas y no teníamos que vernos. No estábamos forzados a convivir. Una convivencia más cercana hubiera sido infernal. El infierno del rollo alternativo. Y aún así fueron mis desgracias en la okupa.

Tengo mucho que contar sobre esta época de mi vida, pero para que sea comprensible voy a necesitar tiempo. Lo tengo que relatar paso a paso, en varios actos, cada uno con una serie de relatos y reflexiones. En su conjunto dejarán en evidencia muchos palos activistas, muchas facetas de este desastre que son las izquierdas actuales.

Pero os voy a adelantar el final: Salí tan herida que durante años no era incapaz de pisar una okupa. Y hoy, casi una década después, aún me sigo sintiendo incómoda en muchos ambientes ‘emancipatorios’.

Admito que una parte de la herida fue responsabilidad mía, fui cómplice de este desastre. Cometí una serie de fallos, uno de los principales mi complicidad silenciosa en mucha violencia verbal y emocional. Y luego, al final, cuando tocó a mi cagarla, y bien cagado, toda esta violencia se tornó en contra de mí. Sufrirla en carne propia me hundió. Volver a levantarme de ahí fue un proceso largo y duro. Un proceso que me cambió para siempre.

Sé que después de leer esto queréis saberlo más, y os lo contaré paso a paso, desde principio hasta el final triste.

Ahora basta con decir que fue el último corte, él que me hizo retirarme de este desastre que son las izquierdas actuales, un corte de relaciones casi completo, que me empujó a salir del guetto y llevar mi búsqueda de esperanza y revolución a otros lugares. Me pase casi diez años aprendiendo y construyendo en el exilio.

Y también fue una lección maestra en todo lo que no debe formar parte de los proyectos liberadores, nunca jamás. En gran parte fue esta experiencia dolorosa que ahora me impulsó a escribir este blog. Un paso de sanación, un paso más en mi búsqueda de este proyecto revolucionario que resumo con tres palabras: libertad, justicia, paz para todas las personas. Hace diez años los anhelaba, hoy creo en él más que nunca, creo que es necesario si queremos vivir, creo que es posible si nos ponemos a luchar de verdad. Pero para que se vuelva posible, para volvernos capaz de construirlo necesitamos aprender a discernir: ¿Qué de nuestro proyecto es verdaderamente revolucionario? ¿Y qué no? ¿Qué, al contrario, nos lleva a maneras de actuar violentas y opresoras? ¿Qué nos lleva a tirar piedras contra nuestro propio tejado? ¿Qué ideas tenemos que independiente de las palabras bonitas que las justifiquan van en contra de nuestro sueño? ¿Y cómo tenemos que cambiar para realmente luchar por estos ideales?

¿Cómo tenemos que transformarnos a nosotras mismas para convertirnos de verdad en defensores de estas palabras bonitas, libertad, justicia y paz?

Con este espíritu hice la investigación del curso pasado, y con él estoy empezando una segunda investigación. Para esta abriré este baúl oscuro que contiene algunos de mis recuerdos más dolorosos. Espero que este desastre se convierta en un hilo de oro que ayude a tejer un futuro mejor, una lucha que realmente camine hacia la paz, la justicia y la libertad.

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